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Las secuelas del fraude
Por Gilberto Dévora Rodarte
La
semana pasada, indulgente lector, advertíamos las posibilidades
de que las elecciones internas del PRD para su dirigencia nacional
acabaran en la toma de decisiones cupular en favor de alguna de
las planillas que contendieron en ese singular proceso.
El autor de
esta columna reconoce que se quedó corto. El Comité Nacional del
PRD determinó finalmente, ante el alud de inconformidades, impugnaciones,
quejas y acusaciones de unos y otros, que las elecciones "habían
adolecido de irregularidades", por lo que declaraba nulas las elecciones
y que, de acuerdo a sus estatutos internos, iba a proceder al nombramiento
de un comité interino que se encargara a su vez, en un futuro inmediato,
de convocar a otro proceso electoral para -ahora sí de a deveras-
disponer de una dirigencia nacional legítima.
Si el asunto
no fue tan trágico como lo es, sería cómico. En ningún momento de
este último tramo histórico de ese partido se han transparentado
como ahora las verdaderas características y el perfil de los hombres
y mujeres que lo conducen, y que lo tienen en el filo de lo ridículo.
Si usted se
interesa en la política y se pone uno a meditar un ratito, no es
remoto que concluya que el Partido de la Revolución Democrática,
como ninguno otro, está demostrando al pueblo mexicano lo que se
puede esperar de él si lograra la Presidencia de la República. El
grupo que detenta el poder a su interior, encabezado por Cuauhtémoc
Cárdenas y su fiel Manuel López Obrador no se andan por las ramas
y son capaces de cualquier cosa para no soltarlo, aún cuando se
asuman riesgos de descrédito tan graves como el que estamos presenciando.
Comentario
aparte, no menos serio, resulta de la evidencia del absoluto desprecio
que les merece su propia militancia y la opinión pública. Examinemos
lo sucedido por partes:
1.- En muchos
lugares se dio lo que se llaman "Casillas Zapatos". Este término
deriva del juego de dominó, en donde una de las parejas contendientes
no logra ninguna anotación en una partida. En un proceso electoral,
resulta punto menos que imposible que se presente esta sola posibilidad,
a menos, claro está, que la votación haya sido previamente arreglada,
de consuno con los funcionarios de la casilla y los representantes
de los candidatos.
2.- La campaña
de los aspirantes a la dirigencia de ese partido "popular" se caracterizó
por el uso masivo de recursos y de propaganda. De acuerdo a datos
proporcionados por el comité nacional del PRD, el proceso costó
nada más 5 milloncitos de pesos. Una bicoca para este pudiente país.
Pero aún así no es creíble, por modesto. Mire usted: una plana en
un periódico de circulación nacional no cuenta menos de 120,000
pesos, en tanto que cada minuto de anuncio en televisión anda arriba
de los 100,000. Las veces que usted los vio no fueron menos de 10
diarios en, digamos, 5 canales televisivos durante unos 30 días.
Haga usted las cuentas y saque sus conclusiones.
3.- En repetidas
ocasiones, varios de los contendientes acusaron al comité nacional
por anticipado, en vista de su proclividad evidente hacia uno de
ellos; denunciaron la existencia de componendas con gobiernos perredistas
estatales y la inminencia de fraude el día de las elecciones. Todas
las denuncias se las enchalecaron, alegando iprocedencia y descalificación
contra los órganos responsables del proceso.
Durante 20
días se mantuvo el suspenso después de las elecciones, hasta que
no les quedó otro camino que agachar la cabeza ante la dura realidad:
que el perredismo, por una parte, está profundamente dividido, lastimado
y agredido por sus dirigentes, y por la otra, que carece totalmente
de lo que ha sido su bandera de lucha, la democracia. Fue hasta
el miércoles pasado en que se atrevieron a abrir la boca e hicieron
pública la decisión cupular final, secuela y conclusión de un fraude
interno gigantesco.
Próximamente,
el comité nacional interino volverá a convocar a otro proceso, con
el consecuente costo económico y político que arrastrará consigo.
Los priístas y seguramente los demás partidos estamos de plácemes.
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