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Presupuesto 2000:
parto de los montes
Por Alberto Reyna García
Por fin se
aprobó el presupuesto federal, que el gobierno habrá de ejercer
en el año 2000, al termino de la jornada, las expresiones de cada
uno de los bandos parlamentarios han sido desmedidas, por un lado
los priístas jubilosos exclamaban que: "no habrá crisis de sexenio"
y por el lado de la "oposición" también magnificaban el asunto:
"la fuerza democrática de la oposición ha logrado cambios fundamentales",
sin embargo, ambas actitudes no pasan de ser expresiones exageradas.
Las modificaciones al proyecto de presupuesto del gobierno federal
son mínimas, tanto las que propuso el PRI, como la autodenominada
oposición, y en lo fundamental conserva su carácter antipopular
y antinacional, que los tecnócratas neoliberales le han impuesto
en los últimos 17 años.
En efecto,
al juzgar por el intercambio de opiniones entre las distintas fracciones
parlamentarias, llenas de sensacionalismo, tal pareciera que en
San Lázaro se estaba dirimiendo en verdad el futuro del país, o
que se estaba librando la madre de todas las batallas, en medio
de forcejeos, negociaciones vaivenes, cambios de camiseta, todo
en medio de un suspenso propio de una película de Hitchcock, pero
que a fin de cuentas no pasó de ser un verdadero churro.
Los bandos
en pugna, por un lado el integrado por el PAN-PRD y otro por otro,
el PRI, como ha sido habitual en esta legislatura y en medio los
partidos menores, sumándose al mejor postor. El primer bando decidido
a introducir cambios menores en el proyecto enviado por el Ejecutivo,
y el segundo…también.
Así es, ninguno
de los proyectos de dictamen sobre el presupuesto elaborado por
el Ejecutivo, lo modificaba de manera substancial, ni cuantitativa
ni cualitativamente.
Ninguno tocó
por ejemplo, el grave problema de la deuda externa, rubro al que
mínimamente se destinará el 40 por ciento del Presupuesto; ninguno
rechazaba que se le entregara a los banqueros corruptos, beneficiarios
del Fobaproa –el fraude del siglo-, 34 mil 600 millones de pesos
por concepto de intereses; ninguno salió en defensa de PEMEX y la
industria eléctrica, que seguirán siendo descapitalizados de manera
brutal para propiciar su posterior privatización; ninguno propuso
que se invirtieran los recursos necesarios para la reproducción
ampliada de capital en manos de Estado, para defender la soberanía,
hoy más amenazada que el pasado, por el capital financiero transnacional.
Ninguno procuró
redistribuir los recursos los recursos de modo que se mejorara el
nivel de vida de los trabajadores de la ciudad y del campo, cada
vez más empobrecidos, ni para aliviar la miseria a la que se ha
conducido a los desheredados; Ninguno destinó recursos para apoyar
de manera decorosa el desarrollo del sector nacional de la industria
y el comercio. Ninguno destinó el mínimo indispensable para la educación
en general, y la educación superior en particular; ninguno atendió
en serio las demandas de los jubilados de lograr un ingreso digno
y decoroso, tal y como lo merecen, después de que dedicaron toda
su vida a trabajar y producir riqueza para el país. En resumen,
ninguno de los dos proyectos de dictamen alteraba en lo más mínimo
la concepción neoliberal vigente en materia económica.
¿En qué consistían
las diferencias?, realmente se reducían a variaciones pequeñas en
unos cuantos rubros, donde introducen cambios menores: El dictamen
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