El Periódico de los Zacatecanos
Viernes 3 de Marzo de 2000

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SÍNTESIS

Vecindad borrascosa

José Luis Camacho López

México debe acostumbrarse a relaciones imperfectas con Estados Unidos, a una constante de altibajos y entender que nuestro país se coloca periódicamente en las luchas internas del poder entre los sectores políticos estadounidenses.

Dos factores influyen en estos momentos en las relaciones entre los dos países, el alza súbita de los precios del petróleo y la sucesión presidencial en marcha al norte del Río Bravo.

Debemos recordar fríamente, porque en ocasiones a los mexicanos nos falta memoria histórica, que Estados Unidos es una nación de intereses, no de amigos ni de buenos vecinos.

Sus intereses estratégicos establecidos desde la Doctrina Monroe se mantienen inalterables, sin cambio ni de una coma.

La reciente declaración del embajador Jeffrey Davidow que desató un clima de indignación en el gobierno y en los partidos políticos hay que situarla en ese contexto. Davidow aseguró que México se ha convertido en una nueva Sicilia para la mafia internacional del narcotráfico.

Es imposible aceptar que el embajador estadounidense haya hecho esa declaración en forma casual.

Paradójicamente Davidow nos abrió una nueva oportunidad de expresar sentimientos contenidos sobre una relación cada vez más compleja y azarosa con su país en la cual no sólo figura el tema del narcotráfico como uno de los puntos más conflictivos de la agenda bilateral.

Están además el trato cada vez más abusivo y violento contra los indocumentados de origen mexicano y una relación comercial que no termina por ser equitativa para México.

Justamente, en esta nueva oportunidad abierta por Davidow de reafirmar coincidencias de soberanía entre los mexicanos, no hubo un sólo actor político nacional que se excluyera de un voto de censura al señor Davidow, un diplomático que llegó a México con fama de mesurado y cuidadoso, aunque el antecedente de su estancia diplomática en Chile nos hace sospechar que su misión diplomática pudo ser similar en Centroamérica en los 80 de John Dimitri Negroponte, embajador de Washington en el país de 1989 a 1993.

Davidow, seguramente en forma deliberada, rompió drásticamente con la idea de avanzar en unas relaciones entre su país y el nuestro que dejara a un lado las mutuas recriminaciones y en cambio se propiciaran atmósferas de entendimiento entre Los Pinos y la Casa Blanca libres de los ciclos tradicionales de envenenamiento producidos por los conflictos bilaterales.

No olvidemos que Davidow es el principal agente de la política estadounidense en México, como lo fue Joel R. Poinsett, Henry Lane Wilson, John Gavin, John Dimitri Negroponte, embajadores con quienes las relaciones no precisamente se deslizaron en alfombras persas. Davidow sucedió en la embajada de Paseo de la Reforma al empresario James Jones.

Abraham F. Lowental, un lúcido analista de las visiones estadounidenses hacia América Latina, hizo hace unos años una descripción perfecta de tales relaciones al llamarla "la convivencia imperfecta" y un periodista mexicano, Mario Gil, la ironizó con el nombre de "nuestros buenos vecinos", pero quizás los términos actuales para describirlas sean la de una "vecindad borrascosa", por el grado de complejidad alcanzada hasta la fecha no obstante los esfuerzos mexicanos por llevar una relación descontaminada de la enrarecida vecindad fronteriza que propicia el narcotráfico.

El narcotráfico desde hace 20 años se ha convertido en el punto más frío de las relaciones entre los dos países. Seguramente lo será por los próximos años. Desde el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena, los vínculos con Washington están llenos de asperezas.

Los mexicanos debemos reconocer que el problema del narcotráfico, a pesar de estar generado por los enormes consumos de los estadunidenses, nos representa un modelo cada vez más acabado de injerencia en el país.

Contrarrestar dicha política no es una tarea fácil. Sobre todo si desde los Estados Unidos ven al narcotráfico como un instrumento de dominio de países como México que tienen la desgracia de tener una vecindad borrascosa, sujeta a los intereses de poder del gobierno de Washington, sean demócratas o republicanos. (Notimex)


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