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Vecindad
borrascosa
José Luis Camacho López
México debe
acostumbrarse a relaciones imperfectas con Estados Unidos, a una
constante de altibajos y entender que nuestro país se coloca periódicamente
en las luchas internas del poder entre los sectores políticos estadounidenses.
Dos factores
influyen en estos momentos en las relaciones entre los dos países,
el alza súbita de los precios del petróleo y la sucesión presidencial
en marcha al norte del Río Bravo.
Debemos recordar
fríamente, porque en ocasiones a los mexicanos nos falta memoria
histórica, que Estados Unidos es una nación de intereses, no de
amigos ni de buenos vecinos.
Sus intereses
estratégicos establecidos desde la Doctrina Monroe se mantienen
inalterables, sin cambio ni de una coma.
La reciente
declaración del embajador Jeffrey Davidow que desató un clima de
indignación en el gobierno y en los partidos políticos hay que situarla
en ese contexto. Davidow aseguró que México se ha convertido en
una nueva Sicilia para la mafia internacional del narcotráfico.
Es imposible
aceptar que el embajador estadounidense haya hecho esa declaración
en forma casual.
Paradójicamente
Davidow nos abrió una nueva oportunidad de expresar sentimientos
contenidos sobre una relación cada vez más compleja y azarosa con
su país en la cual no sólo figura el tema del narcotráfico como
uno de los puntos más conflictivos de la agenda bilateral.
Están además
el trato cada vez más abusivo y violento contra los indocumentados
de origen mexicano y una relación comercial que no termina por ser
equitativa para México.
Justamente,
en esta nueva oportunidad abierta por Davidow de reafirmar coincidencias
de soberanía entre los mexicanos, no hubo un sólo actor político
nacional que se excluyera de un voto de censura al señor Davidow,
un diplomático que llegó a México con fama de mesurado y cuidadoso,
aunque el antecedente de su estancia diplomática en Chile nos hace
sospechar que su misión diplomática pudo ser similar en Centroamérica
en los 80 de John Dimitri Negroponte, embajador de Washington en
el país de 1989 a 1993.
Davidow, seguramente
en forma deliberada, rompió drásticamente con la idea de avanzar
en unas relaciones entre su país y el nuestro que dejara a un lado
las mutuas recriminaciones y en cambio se propiciaran atmósferas
de entendimiento entre Los Pinos y la Casa Blanca libres de los
ciclos tradicionales de envenenamiento producidos por los conflictos
bilaterales.
No olvidemos
que Davidow es el principal agente de la política estadounidense
en México, como lo fue Joel R. Poinsett, Henry Lane Wilson, John
Gavin, John Dimitri Negroponte, embajadores con quienes las relaciones
no precisamente se deslizaron en alfombras persas. Davidow sucedió
en la embajada de Paseo de la Reforma al empresario James Jones.
Abraham F.
Lowental, un lúcido analista de las visiones estadounidenses hacia
América Latina, hizo hace unos años una descripción perfecta de
tales relaciones al llamarla "la convivencia imperfecta" y un periodista
mexicano, Mario Gil, la ironizó con el nombre de "nuestros buenos
vecinos", pero quizás los términos actuales para describirlas sean
la de una "vecindad borrascosa", por el grado de complejidad alcanzada
hasta la fecha no obstante los esfuerzos mexicanos por llevar una
relación descontaminada de la enrarecida vecindad fronteriza que
propicia el narcotráfico.
El narcotráfico
desde hace 20 años se ha convertido en el punto más frío de las
relaciones entre los dos países. Seguramente lo será por los próximos
años. Desde el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena,
los vínculos con Washington están llenos de asperezas.
Los mexicanos
debemos reconocer que el problema del narcotráfico, a pesar de estar
generado por los enormes consumos de los estadunidenses, nos representa
un modelo cada vez más acabado de injerencia en el país.
Contrarrestar
dicha política no es una tarea fácil. Sobre todo si desde los Estados
Unidos ven al narcotráfico como un instrumento de dominio de países
como México que tienen la desgracia de tener una vecindad borrascosa,
sujeta a los intereses de poder del gobierno de Washington, sean
demócratas o republicanos. (Notimex)
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