El Periódico de los Zacatecanos
Miércoles 29 de Marzo de 2000

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SÍNTESIS


Mea culpa

Cecilia Romero Castillo (*)

En un acto de grandeza y humildad, uno más de los que han caracterizado a su pontificado, el Papa Juan Pablo II pidió perdón por los pecados cometidos por los hijos de la Iglesia durante dos mil años. Este acontecimiento se inscribe dentro de las celebraciones del Jubileo y marca un hito en el devenir histórico de la cristiandad.

El Papa inició esa ceremonia frente al altar de La Pietá, en la Basílica de San Pedro, y siete cardenales de la Iglesia pidieron perdón: por los atentados en contra de los derechos fundamentales, por la separación de los cristianos, por los pecados de acción y de omisión en contra del amor, la paz, los derechos de los pueblos, por los atentados contra la dignidad de la mujer, de los niños, por el ateísmo, la indiferencia religiosa, el desinterés por los pobres y los desvalidos, por la tibieza en la defensa del derecho a la vida, por la falta de respeto a las culturas y las religiones.

Terminado este examen de conciencia, el Papa, recordando el Padre Nuestro, también perdonó a quienes ofenden a la Iglesia, y pidió a todos los hombres de buena voluntad unirse en este Jubileo a partir de la reconciliación.

Este singular acontecimiento suscita comentarios y reflexiones diversos; si la Iglesia pide perdón, ¿quiere decir que la Iglesia ha pecado?; cuando se habla de la Iglesia, ¿se hace referencia al Papa, los obispos y los sacerdotes?; los pecados de un cristiano ¿afectan a la Iglesia toda?; si el Papa pide perdón ¿debemos pedir perdón los demás?.

La Iglesia Católica es una institución de origen divino, que como tal no tiene pecado. Los hijos de la Iglesia, a nombre de quienes el Papa pidió perdón, somos todos aquellos que profesamos la fe católica, y que como hombres y mujeres, seres humanos falibles, cometemos faltas y pecados 'cuyas sombras se reflejan en ella (la Iglesia) oscureciendo su belleza', como Juan Pablo II expresó ese domingo. Los pecados de los católicos, además, dan al mundo un pobre testimonio de 'la Iglesia', y de eso somos también responsables.

Por otro lado, se tiene la idea de que la Iglesia está constituida por el Papa, los obispos y los sacerdotes, cuando la realidad es que la conformamos tanto sacerdotes como laicos. Es cierto que causa mayor escándalo el pecado de un miembro de la jerarquía eclesiástica que el de un simple seglar, y que al hablar de "la Iglesia" generalmente se hace en referencia a los sacerdotes, pero todos los católicos somos miembros de ella, y nuestras acciones y omisiones, redundan en beneficio o perjuicio de su buen nombre.

Los pecados de un católico afectan a toda la Iglesia, porque como dice San Pablo, cuando un miembro del cuerpo sufre, todo el cuerpo sufre, y la Iglesia es un cuerpo del cual todos los católicos somos miembros.

Si el Papa ha pedido perdón en esta jornada jubilar, ha dado ejemplo a todos los católicos para que también lo hagamos. Para que pidamos perdón por los pecados de acción y de omisión que hemos cometido; por la falta de cuidado en nuestra responsabilidad profesional, por el mal ejemplo a nuestros subordinados, por el deficiente servicio a nuestra comunidad, por el pobre testimonio de caridad cristiana con los que nos rodean.

El pedir perdón y perdonar se traducirá en la vida cotidiana, en actitudes positivas, en propósitos renovadores, en visiones optimistas, en compromisos duraderos, propiciará que los católicos, en nuestro ámbito de acción, seamos, en palabras del Papa, "testigos más creíbles de la esperanza".

(*) Integrante del CEN del PAN


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