En un artículo anterior decíamos que el debate del 25 de abril abrió un capitulo nuevo en el proceso político de la sucesión presidencial, definiendo candidaturas, nuevas estrategias y posicionamientos electorales en los postulantes que realmente van a disputarse la presidencia de la República.
A poco más de una semana del debate y de sus presuntos resultados -los que supuestamente beneficiaron al panista Vicente Fox- el nuevo capítulo de la campaña ha colocado al candidato priista Francisco Labastida en una posición de ataque contra su principal oponente.
Y Fox, quien supuestamente se había reposicionado -según las encuestas-, ha adoptado una actitud de franco repliegue político renunciando incluso a los desplantes y a los ataques personales contra Labastida, evidenciando con ello un relativo desconcierto en su campaña.
La nueva estrategia del priista consiste en reagrupar a todas las corrientes internas de su partido, en la elaboración de una nueva relación con medios de prensa y en el diseño de un discurso más agresivo.
En el corto tramo de una semana, en efecto, Labastida buscó y obtuvo relación con el poderoso político mexiquense Carlos Hank González; incorporó a su campaña a los 21 gobernadores priistas; y atrajo a los tres ex precandidatos que contendieron con él en la elección interna de 1999: Roberto Madrazo, Manuel Bartlett y Humberto Roque.
Este reagrupamiento ha producido de inmediato un efecto casi mágico: hacer que los sectores de opinión pública -medios de comunicación, analistas y partidos- apartaran de sí la idea de que Fox podía vencer en los comicios del 2 de julio.
Los medios de prensa de derecha que hace una semana festinaban el "triunfo" del panista hoy están reaccionando con sus tradicionales acusaciones contra el "aparato priista" y quejándose de que éste intenta aplicar "mano dura" contra Fox y la Alianza por el Cambio.
La incorporación de Bartlett a la campaña de Labastida en los 10 estados gobernados por la oposición -Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Guanajuato, Jalisco, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Tlaxcala y Zacatecas- ha provocado "pánico" en los panistas y sus aliados.
La razón de ello es muy sencilla: el ex gobernador poblano tiene amplia experiencia en la lucha político-ideológica, conoce a fondo las debilidades del candidato panista y del PAN, y en las elecciones federales de 1997 derrotó a éste en todos los distritos electorales de Puebla.
Bartlett tiene además un éxito político precedente: fue él quien en 1998 salió al paso de la precampaña de Vicente Fox cuando éste se perfilaba como único aspirante abierto en la sucesión presidencial de este año.
Esta labor de "marcaje personal" impidió que Fox se fuera solo en los dos años que faltaban para la campaña y obligó a su partido (PRI) a anticipar su proceso interno y, sobre todo, a que lo abriera mediante una elección entre cuatro precandidatos.
De ahora en adelante muchas cosas que Labastida no quiera o no le convenga decir por sí mismo, van a salir de la boca de Bartlett, de Roque, de Madrazo o de cualquiera de los 21 gobernadores priistas.