El regocijo que respiramos en México el 2 de julio ha permanecido en el ambiente desde entonces. En los cafés, las oficinas, el transporte público, se sigue hablando de la novedad democrática que apareció en nuestra realidad de manera tan tersa, que no alcanzamos todavía a asumir en toda su trascendencia.
La novedad democrática no llegó por arte de magia; una serie de factores se conjugaron para que el resultado fuera el que fue. Se ha analizado si el triunfo de Vicente Fox tuvo sustento en el hartazgo del PRI expresado mediante el voto, o al carisma personal de candidato blanquiazul que arrebató a la mayoría, o la mercadotecnia utilizada que motivó a los votantes que buscaban algo diferente, o…
No cabe duda que esos factores contaron en el resultado, pero el definitivo fue la determinación de la mayoría de los mexicanos de participar en la decisión trascendente que tomamos, la suma de voluntades individuales que configuran la voluntad nacional, la actitud adulta de atreverse a romper con el pasado.
Los que lo atribuyen a la suerte -buena o mala, según el color del cristal con el que miran- o al "destino" difrazan la realidad con fantasías irresponsables, y se niegan la oportunidad de ser protagonistas de un momento definitivo en nuestras vidas personales, y en la de México. Allá ellos, ver pasar el desfile de la victoria no se compara con desfilar entre los victoriosos.
La pregunta que cabe hacernos es ¿y ahora qué? Los panistas sabemos bien qué hacer cuando nos hacen fraude; nosotros y muchos más, hemos hecho resistencia civil, boicoteada productos y programas de televisión, protestado de manera pacífica, agotado los cauces legales. Algunas veces hemos tenido éxito, las más, no.
Ahora que hemos tenido la capacidad de superar el fraude -que de todos modos nos hicieron- la respuesta al ¿y ahora qué, tiene vertientes de gran creatividad, de mucho entusiasmo, de olor y sabor nuevo, virgen, atractivo.
A alguien podría ocurrírsele que lo que hay que hacer es enviar su curriculum vitae a los head hunters de Vicente, y bueno, no está mal, pero lo más de 16 millones de ciudadanos que votamos por él debemos tener una mejor respuesta. Propongo, para empezar, tres cosas: agradecer, festejar, comprometernos.
Agradecer a nuestro virtual presidente electo, a su equipo de campaña, al PAN -y al Verde-; agradecer a la vecina que convencimos, al amigo que votó por Vicente sin mucha convicción, sólo porque nosotros se lo pedimos, a los que hicieron fila horas y horas para sufragar; agradecer a los que nos representaron en casilla, a los que nos llevaron las tortas, a los que aportaron ideas. Agradecer a México. Agradecer a Dios.
Festejar todo el día y todos los días; regocijar nuestro espíritu con el cambio, con la posibilidad de cosas nuevas, con los planes y las ideas. Impulsar la "revolución del espíritu", en la que cabemos todos y todos somos necesarios. Tener frente a la vida una actitud de fiesta, profunda, alegre, esperanzadora.
Comprometernos. Votar no es suficiente, es el inicio. Vicente Fox tiene todo el quehacer del mundo y no podrá hacerlo sólo; necesita de todos los que votamos por él, pero en su trinchera, que trabajemos en lo nuestro, con profesionalismo, con energía.
No cambiará este país si no nos comprometemos en la dignificación del papel del ciudadano, en el ejercicio de nuestros derechos y el cumplimiento de nuestras obligaciones.
Cada quien en su puesto, a transformar a México.
(*) Comité Ejecutivo Nacional del PAN.