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Fui electo
para representar al Estado de Zacatecas en la expresión
orgánica e institucional del pacto federal, es decir
el Senado de la República. Los Senadores representamos
a los Estados de la Federación a diferencia de los
Diputados electos en distritos quienes representan a la Nación
en su conjunto.
Zacatecas ha sido desde hace ya varias décadas una
entidad originaria de flujos migratorios hacia los Estados
Unidos de Norteamérica. Hoy existe una amplia comunidad
de zacatecanos en aquel país que viven una realidad
concreta y específica, la cual interactúa de
múltiples maneras en otra realidad concreta y específica
que es la de nuestro Estado zacatecano. En atención
a ambas realidades debe cumplirse nuestro trabajo representativo
en el Congreso Federal.
Por lo tanto, la relación bilateral entre ambas naciones:
México y Estados Unidos de Norteamérica es un
asunto de nuestro interés e ineludible competencia.
Todo lo que ocurra en esta relación política
y diplomática afecta en varios sentidos a nuestro Estado,
a sus habitantes y a la comunidad zacatecana en el vecino
país.
Los lamentables acontecimientos sucedidos en Nueva York y
en Washington el fatal martes 11 de septiembre pasado, tienen
y tendrán efectos trascendentes en la política
exterior de Estados Unidos en general y necesariamente también
en la de México. ¿En qué medida tales
efectos repercutirán en la relación bilateral?
¿Cuáles pueden ser las consecuencias positivas
y negativas para México? ¿En qué se podría
afectar nuestro Estado? ¿Cuál podría
ser el efecto hacia la comunidad zacatecana en Estados Unidos?
Las anteriores son apenas algunas de las interrogantes que
se hacen y cuyas respuestas en buena medida dependen de las
actitudes y acciones que México adopte y lleve a cabo
en estos difíciles e inéditos momentos. ¿Cuál
debe ser la posición de México ante el gobierno
norteamericano en los actuales instantes históricos
que se viven? Esta es la pregunta central. Con la respuesta
-cualquiera que sea- mucho es lo que está en juego.
Mi opinión -sujeta a debate por supuesto- es que debemos
evidenciar de manera contundente y clara nuestra solidaridad
hacia el pueblo y gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.
Son nuestros vecinos, nuestros socios y el hogar de millones
de mexicanos. Lo sucedido en su contra no admite justificación
alguna. Fueron víctimas de una acción criminal
brutal. El terrorismo que los atacó es también
enemigo de México. Es enemigo de todas las naciones
y de toda la humanidad.
Sin embargo, nuestro respaldo contundente debe ir acompañado
de un igualmente claro llamado a la prudencia. La respuesta
norteamericana ante lo sucedido de ninguna manera sería
aceptable si se dirige a emprender una guerra entre religiones,
o entre civilizaciones, o entre Naciones. Afortunadamente
así lo ha señalado el presidente Bush ante el
propio Congreso norteamericano. Es una guerra contra el terrorismo.
Por lo tanto, se trata de una guerra no convencional. Es una
guerra contra una red terrorista que cometió un horrendo
crimen. Es una guerra diferente. Las acciones deberán
estar encaminadas en dos sentidos: castigar a los culpables
(solamente a ellos) y trabajar intensamente para evitar que
vuelva a suceder en ningún otro lugar del planeta.
Grave error se cometería si contra las normas del derecho
internacional se emprenden acciones violentas de represalia
que vuelvan a costar vidas de inocentes.
Creo que las instituciones y organismos internacionales creados
durante el periodo de la guerra fría deben funcionar,
pues no se cuenta con otras; sin embargo, el enfoque de las
resoluciones que se adopten debe ser distinto al de la lógica
original, hoy inexistente, de un mundo bipolar. En estos tiempos
la seguridad de nuestros pueblos ya no está amenazada
por las mismas causas que en el pasado.
Es cierto que nuestros principios de política exterior
plasmados en la Constitución, tales como la no intervención
y la solución pacífica de las controversias
son el resultado de nuestra digna tradición diplomática
y de nuestras experiencias históricas, sin embargo,
hay que afirmar que tales principios aplican en tratándose
de conflictos entre estados-nación, y por ahora éste
no es el caso. El actual es un problema distinto. Se trata
de una terrible agresión a una nación, pero
no perpetrado por otra nación, sino por una red de
criminales terroristas.
Apoyar evidente y contundentemente a Estados Unidos de Norteamérica
en este caso de ninguna manera significa violentar el cumplimiento
a nuestros principios constitucionales, por el contrario es
con base en ello que estamos en condición de asumir
con claridad esta posición de franco apoyo. Formamos
parte de la Organización de las Naciones Unidas, cuya
Asamblea General hace unos días tomó por unanimidad
la resolución 1368 la cual básicamente en el
resolutivo 3 insta a todos los Estados miembros a apoyar en
los esfuerzos por encontrar a los autores de estos atentados.
Muchas cosas pueden suceder en el futuro próximo. Nosotros
debemos reaccionar y tomar posición con acierto y oportunidad
en cada paso que se emprenda, guiados por nuestros principios
y por la conveniencia práctica de preservar la amistad
de nuestros poderosos vecinos y socios, quienes además
han dado lugar y hogar a millones de mexicanos. En verdad
que nuestros márgenes de posicionamiento son estrechos
pero no debemos dar cabida a la equivocación, la cual
pudiera tener indeseables consecuencias perjudiciales posteriores.
Principios y pragmatismo ante situaciones inéditas
no deben estar reñidos.
En este orden de ideas, cabe reproducir en este artículo
una valiosa expresión, recientemente publicada, hecha
por el destacado político estadounidense Jesse Jackson
con motivo de los atentados del 11 de septiembre: #&Ahora,
Estados Unidos está a prueba. Pero la prueba no es
si podemos bombardear otro país; eso es fácil
de hacer. La prueba es si podemos permitir que la razón
reine sobre nuestro coraje y tener la certeza de que los inocentes
no sean las víctimas de nuestra venganza#8. Hasta el
próximo martes.
*Senador
de la República
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