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Sábado 19 de Octubre de 2002
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Página de Los Temerarios
Conoce Zacatecas.
 

Barba Azul y las mujeres

Aurora Cervantes Rodríguez

Este octubre del 2002, la ciudadanía de las mujeres mexicanas, cumple 49 años de existencia, que se inauguró con su derecho a votar y ser votadas. La percepción repentina que asalta de pronto la conciencia, esa certidumbre de que otras mujeres, nuestras antepasadas pudieron haber vivido sin lo que a nosotras parece tan natural como respirar: el status jurídico de igualdad ante la ley que se sintetiza en el derecho a votar, resulta tan chocante como la absurda idea de concebir a nuestro género como inferior al masculino.
Me hace recordar la sensación de absurdo que sentí en la infancia cuando escuché el cuento llamado “Barba Azul”, el cual narra la historia de una joven y curiosa recién casada, a la que su marido prohibió abrir una de las puertas de su propia casa en ausencia de él, en un alarde de autoritarismo y superioridad jerárquica cuyo desacato pretendió el tirano castigar con la muerte. Una sensación ambivalente de miedo con audacia, de impulsos contradictorios a la obediencia y a la rebeldía.
La joven del cuento, decidió abrir la puerta, metáfora de la propia subjetividad, en la que radican todas las virtudes y defectos, los ángeles y demonios de los seres humanos. Entonces el miedo obnubiló su razón y dejó a esta joven mujer expuesta a la violencia de “Barba Azul”, también metáfora del depredador interno que todos llevamos dentro. El induce a las mujeres a la obediencia ciega o a la imposibilidad de establecer vínculos con otros; o bien a renegar de su esencia femenina y a transformarla en una masculinidad patética, como disfraz que le permita “disfrutar” de privilegios masculinos; en los hombres lleva a negar en si mismos la existencia de rasgos culturalmente entendidos como femeninos, lo convierte en depredador de sí mismo y de los demás.
La mujer del cuento, para vencer su miedo, llamó a sus hermanas en su auxilio y ellas a su vez llamaron a los hermanos, y ellos mataron a Barba Azul y dejaron sus despojos a los buitres. Moraleja: un depredador puede convertirse en su contrario: en víctima. Este cuento infantil, como todos los demás es un conjunto de metáforas que van directo al inconsciente: las hermanas con su fuerza femenina y los hermanos vigorosamente masculinos están fundidos en la psique de las mujeres y en ésta, la cual la dulzura no niega la valentía, ni la objetividad y frialdad de juicio se convierte en cinismo en tanto no aniquila los ideales de vida, de valores éticos y morales o la certeza y confianza en ser digna, justa, solidaria y enérgicamente guerrera a la hora de defender las propias convicciones.
Este aniversario del voto femenino en Zacatecas, se vio felizmente celebrado con la conferencia de Elena Poniatowska sobre la Literatura Testimonial. Elena y su voz dulce y modulada fortalecen la convicción, siempre revisada, cuestionada y por fin siempre innovada de un feminismo femenino bien asentado, en el que aparece con mayor fuerza la certeza de que el género y sus diferencias es al fin y al cabo igualdad en la condición humana. En este feminismo femenino es fácil comprender que el otro género, el masculino, es al fin de cuentas la completud, no el enemigo. Es diferente en género pero igual en humanidad.
Elena, feminista, traduce con su voz el alma masculina (humana) del médico y el rescatista o del hermano quien, en el terremoto que destruyó tantas vidas, con ternura quitó los clavos del ataúd que pudieran herir los cuerpos de su familia muerta. Entonces comprendemos que igual es el dolor entre los géneros, igual el amor y la muerte; igual la ira y los demonios de Barba Azul, esos depredadores del alma humana, los que matan la iniciativa, la curiosidad, la libertad. Esos no establecen diferencias entre los géneros.
Muchas mujeres dirán que esto es cierto. Hay igualdad entre los géneros, pero no en política, territorio aún vedado para muchas mujeres. Aquí radica la polémica de género que gira en torno al acceso de las mujeres a puestos de poder político. Ciertamente hay pocas mujeres en posiciones políticas o administrativas. ¿Por qué será así? Me parece que esto pudiera deberse al “síndrome de Barba Azul”. Quizá él esté fundido en la psique de muchas mujeres y hombres, y los induzca a negar el derecho, la capacidad de innovar la política desde el alma femenina, dispuesta a curar pero no a herir, a construir vínculos con otros, pero no a aniquilar a otros, a defender convicciones pero no a hacer la guerra fratricida.
La política, vista desde la conciencia colectiva, aparece como una actividad netamente masculina, como tendencia a destrozar al oponente. Es la psicología del guerrero o del cazador, no de la curandera o labradora. Cuando los políticos, hombres y mujeres tienen el “síndrome de Barba Azul”, privilegian la política de aniquilación del contrario, cancelan así la posibilidad de innovarla y reconsiderar sus postulados que (lo hemos visto hasta el cansancio) han llevado a México por un camino lleno de abrojos.
La política pudiera reinventarse desde la psique femenina, y eso le daría la riqueza humana necesaria para que la equidad entre los géneros completara su misión. Si no fuera así, en algún tiempo comprobaremos que no hemos cumplido, y que Barba Azul, por fin, venció.

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