La
peligrosa actitud del presidente Fox Enrique
Flores Ortíz* Históricamente
las relaciones entre México y Estados Unidos de Norte América han
constituido un tema preocupante sobre todo para el pueblo mexicano. Los intereses
que mueven al vecino país del norte subrayan la imperiosa necesidad de
fortalecer las instituciones mexicanas y aplicar el marco jurídico vigente
ante las nuevas expresiones y circunstancias de seguridad que promueve la Paz
americana. Como resultado de la política antiterrorista implementada
por el gobierno norteamericano el concepto de la soberanía nacional ha
vuelto a cobrar importancia en la clase política mexicana. La presencia
de policías estadounidenses que en los últimos días vigilan
los aeropuertos internacionales en distintas ciudades de la república en
opinión de distintos analistas resulta una clara violación a las
normas mexicanas. Frente a ello, la actitud asumida por el gobierno de Vicente
Fox resulta por demás preocupante. La declaración que hizo el pasado
seis de enero con relación a dicha actividad policial estadounidense despertó
un sesgo de ironía y sorpresa en la opinión pública al grado
de calificar su actuación como servil a los intereses del presidente Bush.
Consideró nuestro mandatario, que las acciones emprendidas por las agencias
de seguridad norteamericanas constituyen una tarea normal que no
viola, en absoluto las leyes y mucho menos nos quita soberanía. El
pasar por alto los principios que rigen la política internacional de México
ponen al Presidente Fox en un serio aprieto frente al Congreso de la Unión
y ante la sociedad mexicana, pues constitucionalmente es el responsable de dirigir
la política exterior y salvaguardar la seguridad nacional. La Comisión
Nacional de Derechos Humanos ha calificado tales medidas de seguridad en los aeropuertos
mexicanos como denigrantes y vejatorias. Ante ello, nuestras autoridades han hecho
mutis aduciendo que forman parte de las reglas de cooperación suscritas
con el gobierno norteamericano. ¿En algún momento el gobierno
de Vicente Fox informó a la sociedad mexicana de tales compromisos? ¿Cuál
es la principal tarea en este renglón que tiene la actual administración
federal? ¿Existe realmente un apego irrestricto a los principios que se
encuentran plasmados en la Constitución Política de México
y que el Presidente protestó cumplir? Aunque debemos reconocer que no
estamos en condiciones de asumir posturas similares a las efectuadas por las autoridades
judiciales brasileñas -quienes han aplicado el principio de reciprocidad
con Estados Unidos-, es innegable que el gobierno mexicano debió emitir
una respuesta categórica y apegada al derecho internacional. Sin embargo,
como se pudo constatar en la Cumbre Extraordinaria de las Américas celebrada
en la ciudad de Monterrey, las declaraciones del Presidente Fox tuvieron un tono
más apologético que cuestionable hacia el gobierno de George W.
Bush. No nos sorprende este proceder y condición de genuflexión.
Lo que molesta y avergüenza es el entreguismo incondicional y sistemático
de su gobierno a los designios bushianos. La política que como jefe
del Estado mexicano le corresponde defender ha sido acuñada a lo largo
de la historia por el legislador que en su momento descifró la dinámica
del juego norteamericano en su ideología mesiánica. Presiones de
distinta naturaleza -llámese diplomática, económica o militar-
han servido a México para mostrar en el plano internacional los principios
bajo los cuales se conduce (o condujo) en las relaciones de política exterior.
Una lectura histórica sobre estos temas nos llevaría a entender
la calidad de Presidente que tenemos. * Politólogo. Correo electrónico:
enriquef@avantel.net |