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Jueves 15 de Enero de 2004

La peligrosa actitud del presidente Fox

Enrique Flores Ortíz*

Históricamente las relaciones entre México y Estados Unidos de Norte América han constituido un tema preocupante sobre todo para el pueblo mexicano. Los intereses que mueven al vecino país del norte subrayan la imperiosa necesidad de fortalecer las instituciones mexicanas y aplicar el marco jurídico vigente ante las nuevas expresiones y circunstancias de seguridad que promueve la Paz americana.
Como resultado de la política antiterrorista implementada por el gobierno norteamericano el concepto de la soberanía nacional ha vuelto a cobrar importancia en la clase política mexicana. La presencia de policías estadounidenses que en los últimos días vigilan los aeropuertos internacionales en distintas ciudades de la república en opinión de distintos analistas resulta una clara violación a las normas mexicanas.
Frente a ello, la actitud asumida por el gobierno de Vicente Fox resulta por demás preocupante. La declaración que hizo el pasado seis de enero con relación a dicha actividad policial estadounidense despertó un sesgo de ironía y sorpresa en la opinión pública al grado de calificar su actuación como servil a los intereses del presidente Bush. Consideró nuestro mandatario, que las acciones emprendidas por las agencias de seguridad norteamericanas constituyen una “tarea normal” que “no viola, en absoluto las leyes y mucho menos nos quita soberanía”.
El pasar por alto los principios que rigen la política internacional de México ponen al Presidente Fox en un serio aprieto frente al Congreso de la Unión y ante la sociedad mexicana, pues constitucionalmente es el responsable de dirigir la política exterior y salvaguardar la seguridad nacional.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha calificado tales medidas de seguridad en los aeropuertos mexicanos como denigrantes y vejatorias. Ante ello, nuestras autoridades han hecho mutis aduciendo que forman parte de las reglas de cooperación suscritas con el gobierno norteamericano.
¿En algún momento el gobierno de Vicente Fox informó a la sociedad mexicana de tales compromisos? ¿Cuál es la principal tarea en este renglón que tiene la actual administración federal? ¿Existe realmente un apego irrestricto a los principios que se encuentran plasmados en la Constitución Política de México y que el Presidente protestó cumplir?
Aunque debemos reconocer que no estamos en condiciones de asumir posturas similares a las efectuadas por las autoridades judiciales brasileñas -quienes han aplicado el principio de reciprocidad con Estados Unidos-, es innegable que el gobierno mexicano debió emitir una respuesta categórica y apegada al derecho internacional. Sin embargo, como se pudo constatar en la Cumbre Extraordinaria de las Américas celebrada en la ciudad de Monterrey, las declaraciones del Presidente Fox tuvieron un tono más apologético que cuestionable hacia el gobierno de George W. Bush.
No nos sorprende este proceder y condición de genuflexión. Lo que molesta y avergüenza es el entreguismo incondicional y sistemático de su gobierno a los designios bushianos.
La política que como jefe del Estado mexicano le corresponde defender ha sido acuñada a lo largo de la historia por el legislador que en su momento descifró la dinámica del juego norteamericano en su ideología mesiánica. Presiones de distinta naturaleza -llámese diplomática, económica o militar- han servido a México para mostrar en el plano internacional los principios bajo los cuales se conduce (o condujo) en las relaciones de política exterior. Una lectura histórica sobre estos temas nos llevaría a entender la calidad de Presidente que tenemos.
* Politólogo. Correo electrónico: enriquef@avantel.net

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