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En
pos del milagro
Sergio
Muñoz Bata
Sabedores
de que sólo un milagro podría enderezar el curso
del envenenado debate sobre inmigración en el Congreso
de EU, los inmigrantes y sus defensores han recibido con regocijo
el mensaje de la Iglesia Católica exigiendo un trato
justo a los inmigrantes, tengan o no sus documentos migratorios
en regla.
En un mensaje a las 3 mil personas que colmaban la majestuosa
Catedral de Los Ángeles este miércoles de ceniza,
el Cardenal Roger Mahony reinsertó a la iglesia católica
en el centro del debate nacional sobre inmigración.
Durante un sermón en el que denunció el histérico
sentimiento anti-inmigrante que invade al país
Mahony pidió a los millones de feligreses que forman
las 288 parroquias de la archidiócesis de Los Ángeles
que ayunen, recen y presionen para que la reforma migratoria
que apruebe el Congreso sea magnánima y humanitaria.
Como era de esperarse, la reacción inicial a su mensaje
fue variada. Así como hubo voces que se solidarizaron
con su mensaje de compasión a quienes tanto la necesitan,
también hubo reclamos de quienes están en contra
de la inmigración ilegal y reprueban que su iglesia
condone la ilegalidad de origen.
Esta no es la primera vez que Mahony se lanza a la defensa
de los inmigrantes. Su pasión por el tema, dice, empezó
desde cuando era un niño, continuó al ordenarse
sacerdote en los 60s, se acrecentó al ser nombrado
obispo en los 80s y desde entonces no ha disminuido
un ápice.
Tampoco es la primera vez que la ciudad de Los Ángeles
les ofrece refugio a los indocumentados. En la década
de los 80s él fue el carismático padre
Luís Olivares quien desafió a las autoridades
federales dándoles santuario a los refugiados Centroamericanos
en la iglesia de La Placita Olvera.
En esta ocasión, Mahony cuenta, además, con
el respaldo de la Conferencia de Obispos, quien en su carta
pastoral le da al tema su añorada dimensión
ética y moral humanizando a los inmigrantes como los
extranjeros a quienes Dios busca dar protección son
personas con nombres y caras, con miedos y esperanzas. No
son estadísticas, no son puntos a discutir
sino personas que a través del sacrificio y el arduo
trabajo buscan mejorar sus vidas.
Por otro lado, el activismo social de la iglesia, ha generado
también un debate sobre la separación entre
la iglesia y el estado pues hay quienes ven en este accionar
social de la iglesia un intento por borrar la línea
que separa los asuntos de Dios de los del Cesar.
Para la iglesia no hay tal confusión pues su posición
ha sido expresada con claridad meridiana por el Papa Benedicto
16 en su primera Encíclica, Deus Caritas Est: La
iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa
política de realizar la sociedad más justa posible.
No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni
debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.
El asunto es complicado e invita a una reflexión que
rebasa la actual coyuntura no sólo en EU sino en otros
países en los que la historia patria está marcada
por conflictos entre la iglesia y el estado.
La propuesta migratoria de Mahony y la Conferencia de Obispos
Católicos es semejante al proyecto de ley presentado
por los Senadores Ted Kennedy (demócrata) y John McCain
(Republicano) aunque va mucho más lejos. La iglesia
pide más visas para familiares de los inmigrantes;
un programa de trabajadores huéspedes con opción
a la residencia permanente; mejoras a los procesos legales
en materia de inmigración para garantizar los derechos
de los inmigrantes; legalización de los indocumentados
que ya residen en el país y programas de desarrollo
económico en los países expulsores para reducir
la necesidad de emigrar.
Dada la división que la inmigración ilegal provoca
en el país entero es evidente que la propuesta de la
iglesia fracasaría. Pero, si el esfuerzo de la iglesia
católica y sus 65 millones de fieles orillara a otros
grupos religiosos: Cristianos, Judíos, Musulmanes,
Budistas, Hindúes a presionar al Congreso a aprobar
un proyecto de ley semejante al de Kennedy y McCain se crearía
un enorme contrapeso al monstruoso proyecto aprobado por la
Cámara de Representantes. Este es el tipo de equilibrio
que haría imposible la reconciliación de los
dos proyectos en conferencia y obligaría a dejar pendiente
la reforma migratoria, por lo menos hasta después de
la elección de noviembre.
Y eso, a estas alturas del debate, sería un verdadero
milagro en la colina del Congreso.
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