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Jueves 09 de Marzo de 2006

En pos del milagro

Sergio Muñoz Bata

Sabedores de que sólo un milagro podría enderezar el curso del envenenado debate sobre inmigración en el Congreso de EU, los inmigrantes y sus defensores han recibido con regocijo el mensaje de la Iglesia Católica exigiendo un trato justo a los inmigrantes, tengan o no sus documentos migratorios en regla.
En un mensaje a las 3 mil personas que colmaban la majestuosa Catedral de Los Ángeles este miércoles de ceniza, el Cardenal Roger Mahony reinsertó a la iglesia católica en el centro del debate nacional sobre inmigración.
Durante un sermón en el que denunció el “histérico sentimiento anti-inmigrante que invade al país” Mahony pidió a los millones de feligreses que forman las 288 parroquias de la archidiócesis de Los Ángeles que ayunen, recen y presionen para que la reforma migratoria que apruebe el Congreso sea magnánima y humanitaria.
Como era de esperarse, la reacción inicial a su mensaje fue variada. Así como hubo voces que se solidarizaron con su mensaje de compasión a quienes tanto la necesitan, también hubo reclamos de quienes están en contra de la inmigración ilegal y reprueban que su iglesia condone la ilegalidad de origen.
Esta no es la primera vez que Mahony se lanza a la defensa de los inmigrantes. Su pasión por el tema, dice, empezó desde cuando era un niño, continuó al ordenarse sacerdote en los 60’s, se acrecentó al ser nombrado obispo en los 80’s y desde entonces no ha disminuido un ápice.
Tampoco es la primera vez que la ciudad de Los Ángeles les ofrece refugio a los indocumentados. En la década de los 80’s él fue el carismático padre Luís Olivares quien desafió a las autoridades federales dándoles santuario a los refugiados Centroamericanos en la iglesia de La Placita Olvera.
En esta ocasión, Mahony cuenta, además, con el respaldo de la Conferencia de Obispos, quien en su carta pastoral le da al tema su añorada dimensión ética y moral humanizando a los inmigrantes como “los extranjeros a quienes Dios busca dar protección son personas con nombres y caras, con miedos y esperanzas. No son estadísticas, no son “puntos a discutir” sino personas que a través del sacrificio y el arduo trabajo buscan mejorar sus vidas.”
Por otro lado, el activismo social de la iglesia, ha generado también un debate sobre la separación entre la iglesia y el estado pues hay quienes ven en este accionar social de la iglesia un intento por borrar la línea que separa los asuntos de Dios de los del Cesar.
Para la iglesia no hay tal confusión pues su posición ha sido expresada con claridad meridiana por el Papa Benedicto 16 en su primera Encíclica, Deus Caritas Est: “La iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.”
El asunto es complicado e invita a una reflexión que rebasa la actual coyuntura no sólo en EU sino en otros países en los que la historia patria está marcada por conflictos entre la iglesia y el estado.
La propuesta migratoria de Mahony y la Conferencia de Obispos Católicos es semejante al proyecto de ley presentado por los Senadores Ted Kennedy (demócrata) y John McCain (Republicano) aunque va mucho más lejos. La iglesia pide más visas para familiares de los inmigrantes; un programa de trabajadores huéspedes con opción a la residencia permanente; mejoras a los procesos legales en materia de inmigración para garantizar los derechos de los inmigrantes; legalización de los indocumentados que ya residen en el país y programas de desarrollo económico en los países expulsores para reducir la necesidad de emigrar.
Dada la división que la inmigración ilegal provoca en el país entero es evidente que la propuesta de la iglesia fracasaría. Pero, si el esfuerzo de la iglesia católica y sus 65 millones de fieles orillara a otros grupos religiosos: Cristianos, Judíos, Musulmanes, Budistas, Hindúes a presionar al Congreso a aprobar un proyecto de ley semejante al de Kennedy y McCain se crearía un enorme contrapeso al monstruoso proyecto aprobado por la Cámara de Representantes. Este es el tipo de equilibrio que haría imposible la reconciliación de los dos proyectos en conferencia y obligaría a dejar pendiente la reforma migratoria, por lo menos hasta después de la elección de noviembre.
Y eso, a estas alturas del debate, sería un verdadero milagro en la colina del Congreso.

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