¿Mexicanos de Compras?
Alberto Núñez Esteva
¿Quién será el mejor candidato para ocupar la Presidencia de la República? Esta, que parece una pregunta atinada en el ambiente electoral actual, en realidad es irrelevante mientras no se hayan contestado otras preguntas.
Particularmente, qué hace falta hacer para impulsar la prosperidad de México y de todos los mexicanos en este siglo XXI? Los candidatos, los partidos, sus campañas y los medios han estado haciéndonos creer que las elecciones de julio consisten simplemente en escoger al “bueno”, sea lo que fuere que “bueno” quiera decir.
El resultado es que, cuando como ciudadanos llegamos a discutir de política, rápidamente se identifican las preferencias personales y las razones no pasan de lo “bueno” que es el candidato propio y lo malo que son los demás y sus seguidores. Así, cualquiera puede sentirse incómodo fácilmente.
Por supuesto que al final de cuentas nos pararemos en una casilla, frente a una boleta y cruzaremos un logo de partido con el nombre de un candidato.
Pero la reflexión del voto, la decisión de nuestras preferencias, debe empezar no en las simpatías, ni siquiera en el perfil del candidato, sino en los problemas y sobre todo en las soluciones que exige el desarrollo de México.
¡Haga la prueba! La próxima vez que tenga una discusión “política” en la que salgan a relucir los nombres de los candidatos, proponga un cambio. Pida a sus amigos y familiares que identifiquen los problemas fundamentales de México.
Apuesto a que empezarán con la inseguridad, seguirá el desempleo, la pobreza, la educación y posiblemente la salud. Si logró despertar algún entusiasmo y su círculo es de personas interesadas en el país, probablemente relucirán también temas como el de la energía, las pensiones, la infraestructura e incluso la gobernabilidad y el Estado de Derecho.
En cualquier caso será interesante notar que prácticamente todos percibimos los mismos temas como problemas fundamentales de México. Si acaso cambiará el orden un poco.
Pida en seguida que se identifiquen las soluciones para los tres primeros problemas. Los resultados dependerán aquí de lo informado que esté el grupo con el que se encuentre. Es probable que dominen las generalidades y los lugares comunes.
Por ejemplo, leyes más duras y más policías mejor pagados en el tema de la inseguridad. Con este ejercicio lo que demostrará es que en general en México estamos muy mal informados de las vías de solución para los grandes problemas del país.
Por eso es que somos presa fácil de la mercadotecnia política, basada en los sentimientos: candidatos con gran corazón, con firmeza, partidarios de los más desprotegidos, etcétera.
Este próximo julio los mexicanos no estaremos de compras. El voto razonado consiste en que cada uno de nosotros nos convenzamos de las prioridades nacionales, de sus soluciones y elijamos al candidato que a nuestro juicio esté mejor preparado para impulsar esa agenda y sus soluciones.
Votar no es asunto de expertos, sino de ciudadanos informados y responsables. Todos podemos serlo. Nuestra participación política puede ser tan sencilla como tener una opinión clara de lo que consideramos se debe hacer. La persona adecuada para hacerlo es más que nada una consecuencia.
El autor es
presidente nacional de la COPARMEX
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