Mínimos los cambios, mínima la diferencia de votos Benjamín M. Romo Moreno
No se debiera olvidar que lo que está en juego en el diferendo electoral es un proyecto de país, se trata, ni más ni menos, de la posibilidad del cambio, es a decir de Boltvinik la posibilidad de cambiar el proyecto del neoliberalismo, católico, represivo y de sometimiento, por el de desarrollismo igualitario, laico, democrático y de soberanía nacional y no como se ha venido manejando en los medios, incluidos los programas de análisis político, de que es la lucha por el poder del partido contra la coalición o, como se ha hecho más usual, la de dos candidatos, como si fueran sus proyectos iguales, lo que, incluso, ha llevado a algunos de los editorialistas a dar calificativos que tienen que ver con la normalidad mental.
Es importante, igualmente, tener presente que en el sexenio que está por terminar, como consecuencia del modelo seguido, ha crecido la desigualdad y que como establece el banco Mundial, en su Informe 2006: “la desigualdad de poder conduce al establecimiento de instituciones que perpetúan las desigualdades en cuanto a poder, condición social y riqueza”.
Esto es, las llamadas trampas de desigualdad producen un círculo vicioso que obstaculiza cualquier posibilidad de movilidad y que se hace necesario transformar en un círculo virtuoso de equidad y crecimiento.
Por ello la necesidad de que el resultado refleje realmente la decisión de los ciudadanos que, en uso de nuestro derecho, la expresamos con nuestro voto y que se de la certeza suficiente para la conformación de las políticas que deberán atender los intereses de todos los mexicanos.
Pero tampoco podemos olvidar que los beneficiarios de la desigualdad defienden el estado de cosas, utilizando los diferentes instrumentos de que disponen o que pueden poner a su servicio. En este sentido es que encontramos una constante en la gran mayoría de los medios informativos en los que no tan sólo se da por hecho la posibilidad de que no existan modificaciones en los resultados dados a conocer por el IFE, sino que, además, se califica el proceso de limpio y transparente, aunque el PAN haya promovió 133 juicios de inconformidad en la elección para presidente y olvidándose de todo lo que se ha hecho para que se de continuidad al proyecto de país vigente.
De igual manera, en un claro desprecio por la autoridad del TEPJF, cuando se dicen respetuosos de las instituciones, consideran presidente electo al candidato del PAN, quien, por lo demás, acepta ese juego y desarrolla su actividad como tal, mostrando, una vez más, su incongruencia entre el decir y el hacer.
Así se ha satanizado el movimiento de resistencia civil pacífica, iniciado como respuesta a la decisión de no contar la totalidad de las casillas, encauzando el malestar que provoca en la ciudadanía hacia quienes mantienen la protesta, pero no hacia los verdaderos responsables de ella que son quienes motivaron las irregularidades que ahora se reclaman.
Ahora con motivo de los resultados del conteo en las casillas que, según el TEPJF, procedía dadas las irregularidades en ellas, se ha prolapado en los medios que son mínimos los cambios, pero sin referencia a qué mínima también fue la diferencia de votos entre los candidatos punteros.
Recordemos que el promedio por casilla de esa ventaja no llega a dos votos; lo que significa que un ajuste de esa magnitud cambiaría el resultado, ello sin considerar la posibilidad de anulación de casillas y, consecuentemente de votos, que es el aspecto que está tratando el Tribunal.
Habremos de esperar a conocer los resultados del conteo en esa muestra de 9.07 por ciento de las casillas y de la determinación que se tome con base en ellos, pero sin olvidar que la resignación para aceptar las violaciones a la ley por la autoridad ha terminado.
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