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Miércoles 14 de Febrero de 2007

Precandidaturas y fuerzas operantes. Una probabilidad

Francisco Murillo Belmontes

“Una inteligencia que en un momento dado conociera todas las fuerzas operantes en la naturaleza y la posición respectiva de los seres que la componen y que fuera a la vez capaz de analizar matemáticamente todos esos datos, abarcaría en la misma fórmula los movimientos de los mayores cuerpos del universo y los de los más ligeros átomos: nada sería desconocido para ella, y tanto el porvenir como el pasado estarían presentes a su mirada”. Así escribió una vez, en su introducción a la teoría analítica de la probabilidad, el sabio matemático y astrónomo francés Pierre Simon Laplace. Y yo digo que si tal propósito de visión plena pudiera aplicarse en los escenarios inconsistentes de la política, muchos males gástricos y desquiciamientos psicológicos podrían evitarse sobre todo en tiempos electorales.
Convocatorias de los partidos a las huestes de los militantes, externos empujados, o simplemente ganosos que llegan a empujones a inscribirse al torneo intramuros, en estos días de mediados de febrero loco, como le dicen nuestros mayores al mes que irrefrenable se desliza medio ahogando la consigna tímida y no gastalona de precampaña, cuyo premio de tentempié será el de aparecer en las papeletas de fórmulas y planillas de campeones de la simpatía, la inteligencia, el carisma y el talento, cuyo nectario por eliminación, culminará el primer domingo de julio con la firma del contrato social y trianual que le dará mandato a una nueva Legislatura de diputados locales, y a 58 ayuntamientos que de los miles de ciudadanos que fueron llamados por la voz misteriosa de su vocación de servicio, pocos serán a su hora, los escogidos por un electorado que engolosinado de su propia vena democrática, se puede dar el gusto de cobrarse agravios, y ejercer su derecho a ser voluble a la hora de la verdad escrita y depositada en la urna, para ser contada y recontada si el empecinamiento impugnativo se lo exige a quienes no saben perder.
Como vacuna contra la terquedad que no reconoce el significado de la palabra derrota, las grandes pautas constitucionales son sencillas e inconfundibles: las elecciones se realizarán mediante sufragio universal, libre, secreto y directo. En el ejercicio de la función electoral a cargo de las autoridades electorales, serán principios rectores los de legalidad, imparcialidad, objetividad, certeza e independencia. Las autoridades que tengan a su cargo la organización de las elecciones y las jurisdiccionales que resuelvan las controversias, los dimes y diretes, los berrinches y rajaduras, gozarán de autonomía en su funcionamiento e independencia en sus decisiones. Siguiendo las ideas de Laplace, la inteligencia apaciguadora del constituyente identifica las fuerzas operantes y los movimientos de los mayores cuerpos del universo electoral zacatecano para este año 2007.
Sin embargo inteligencias diferentes: las de los partidos políticos, viven los días intensos del paseo y de la entrega de las convocatorias a los interesados en jugar a la pirotecnia política entre puros correligionarios, lo que constituye una garantía de que no habrá quien prenda la mecha porque los respectivos comisionados de los servicios electorales partidistas, ordenaron poner a remojo la pólvora, para que nadie caiga en la tentación de cruzar fuego amigo, y así en santa paz, se realice el festival de mecanismos democráticos, tales como las convenciones estatales electorales; las elecciones universales; los plenos para el descarte, el procedimiento de elección directa, o aquél que se conoce como convención de delegados.
En fase posterior, pero antes de que se cumplan 40 días previos al registro abrileño de fórmulas y planillas, es decir, entre el 20 de febrero y el 31 de marzo, puede ocurrir el milagro que haga brillar las inteligencias de los dirigentes partidistas que vislumbren fuerzas operantes de cuerpos más ligeros, atomizados, a la manera que los sugiere el matemático Laplace, y resulten consolidadas las fraternales alianzas o coaliciones entre plataformas partidistas aparentemente distintas y distantes, entre sí, pero que merced a la magia subyugante de la política electoral y sus gananciales, puede lograr que aquellos adversarios que se querían coscorronear hasta con la taza de peltre que los abuelos solían guardar bajo la cama en previsión de nocturnas urgencias diuréticas, se olviden de odios y resabios, y amartelándose, cual si fueran los cantautores Amanda Miguel y Diego Verdaguer, y que luego de alcanzar el triunfo en los comicios, permanezcan unidos para siempre, eternamente, o por lo menos, que se esperen hasta que tomen posesión de los cargos de elección popular en el festivalero mes de septiembre, y total, si hubiere incompatibilidad de caracteres, alguno de ellos se lance a entonarle a su otrora bienamado coaligado, la balada distintiva de la argentina pareja ejemplar: “Él me mintió, él me dijo que me amaba y no era verdad”.
Y es que no podemos soslayar que este deshilachado comentario pretende estar inspirado en la propuesta del matemático Laplace con referencia a su teoría analítica de la probabilidad, que también pudiera funcionar en política pragmática, es decir, a puro interés, sin pizca de amor almacenado en el corazón. Perdón por decirlo en 14 de febrero.

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