No es la Ley de Herodes: es la Ley del ISSSTE
Francisco Murillo Belmontes
“El viernes siguiente volvió a las lanchas. Y como todos los viernes regresó a su casa sin la carta esperada. -Ya hemos cumplido con esperar-, le dijo esa noche su mujer. -Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante 15 años-. El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos. Hay que esperar el turno -dijo-. Nuestro número es el 1823. El Coronel leyó como siempre, desde la primera página hasta la última, incluso los avisos, pero esta vez no se concentró. Durante la lectura pensó en su pensión de veterano. 19 años antes, cuando el Congreso promulgó la ley, se inició un proceso de justificación que duró 8 años, luego necesitó 6 años más para hacerse incluir en el escalafón. Esa fue la última carta que recibió el Coronel”. Para este miércoles de conflictividad legislativa, he recordado, y a propósito transcrito un fragmento de “El Coronel no tiene quien le escriba”, de Gabriel García Márquez.
El fin del puente legal del 21 de marzo; la bienvenida a la primavera, con sus pajarillos chifladores que pregonan la pajarera del SNTE, y el milagro del equinoccio del tercer mes del año, resultan versátil ramillete de rosas espinosas que algunos empresarios de florería, y a la vez legisladores federales, encabezados por Benjamín González Roaro, exdirector del ISSSTE, y Joel Ayala Almeida, líder de la FSTSE, entregaron personalmente a cada uno de los diputados que ocupan curul en San Lázaro, para agradecerles que con dispensa de trámites, a la voz de “el que no apruebe es loto”, voten y aprueben la nueva ley del ISSSTE, antes de que concluya el efímero fenómeno equinoccial.
La iniciativa de marras, o de marrazos al sistema estatizado de pensiones, fue presentada el día 15 de este cuaresmeño mes. Y con sus 254 artículos de vigencia indefinida, y sus 44 dispositivos transitorios, la expectativa de nueva ley que se pretende regule las relaciones obrero patronales entre el gobierno federal y sus trabajadores, ofrece un sabor y un semblante parecidos a la capirotada de los días de vigilia.
Y es que por un lado, desde la exposición de motivos de la iniciativa de ley que se comenta, se hace la proclama de que el ISSSTE no se privatizará. Y tan es así, que los recursos para el retiro de los trabajadores, no serán administrados por una voraz y cobrona de servicios, de las llamadas afores, sino que el apostolado que consiste en administrar las cuentas individuales del ahorro burocrático, se encargará al PENSIONISSSTE.
Tan novedoso acrónimo o neologismo desorientador, parece darnos idea de un estacionamiento de ambulancias del ISSSTE. Pero no, sépalo usted, trabajador del gobierno federal, que PENSIONISSSTE sirve para designar el Fondo Nacional de Pensiones de los Trabajadores al Servicio del Estado. Un órgano público desconcentrado del ISSSTE, encargado de administrar su cuenta individual de ahorro. Invertirá los recursos de las cuentas individuales en las sociedades de inversión; es decir, se acometerá la bursatilización del ahorro burocrático. Para los apologistas de la iniciativa, los trabajadores deben sentirse esponjados como pan con huevo, de ser, con sus ahorros para el retiro, compañeros de banca, de Carlos Slim en la Bolsa de Valores.
Una mala nueva es que la edad mínima de jubilación por vejez, cuya gradualidad implicará una obligación de trabajar para el gobierno 5 años más, pasa de 55 a 60 años. Pero, la buena noticia, para provocar el júbilo retozón de los burócratas federales, es que la jubilación a los 60 inviernos cumplidos, llegará hasta el año 2018.
El director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, lejos de ayunar, desayunó recientemente con la maestra Elba Esther; y la consigna fue, que no es pecaminoso buscar acuerdos y consensos, para que diputados y senadores, aprueben la nueva ley, antes que pase el efecto del equinoccio ineludible. El reverso del gusto por estrenar Ley del ISSSTE, se manifiesta en el disgusto creciente de las bases sindicales, que ya le ponen nuevo sitio a San Lázaro, como anticipo de la movilización nacional que culminará el día 27 de este mismo mes, para proclamar un no rotundo a una ley considerada por los trabajadores de ingresos modestos, como regresiva y sí pecaminosa.
En la realidad mexicana del siglo 21, la base trabajadora del gobierno federal, parece no tener el carácter abnegado hasta el sacrificio que García Márquez le atribuye a su personaje: aquel Coronel que no desesperaba en la espera eterna por la carta que le traería la buena nueva de su pensión contante y sonante. Y es que en la burocracia federal, no todos se apellidan Yunes, Creel o Beltrones, cuyas vidas ejemplares pueden llevarlos al extremo de renunciar a lo irrenunciable, tan sólo por su condición de patriotas y mártires de la misión privatizadora.
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