La simulación en la UAZ
Elizabeth Sánchez Garay*
El famoso sociólogo francés, Jean Baudrillard, dedicó gran parte de sus reflexiones teóricas al análisis de la simulación en las sociedades contemporáneas, donde el artificio y la farsa suplen, desde su perspectiva, a la realidad misma.
Para ejemplificar cómo se da este proceso en el mundo actual, solía recurrir a un cuento de Borges donde se narra la historia de un Imperio caracterizado por la perfección del Arte de la Cartografía. Así, debido a la búsqueda de excelsitud, los cartógrafos llegaron a dibujar un mapa que cubría exactamente todo el territorio.
En el relato, el mapa acaba arruinándose, pero no sucede lo mismo en la vida contemporánea, pues según Baudrillard éste se ha superpuesto al territorio. Así, “los simuladores hoy en día intentan que todo lo real coincida con los modelos de simulación [...] La simulación es infinitamente más dañina (que la transgresión y la violencia), puesto que siempre está sugiriendo que la ley y el orden en sí mismos podían realmente no ser más que una simulación”.
Vaya “sincronicidad”. Preparaba una conferencia sobre el tema, cuando leí los pronunciamientos del rector de la UAZ, Alfredo Femat Bañuelos, el Día del Maestro. Habló, aunque Usted no lo crea, de la actitud incluyente de la administración actual de la institución, la cual respeta a quien piensa diferente porque la tolerancia es uno de sus principios.
Mas la sincronicidad no termina ahí. Dice Baudrillard que la simulación intenta hacer que aparezcan como nuevos aquellos esquemas ya reproducidos con anterioridad, todo ello producto de simulaciones de las simulaciones. ¿Y qué dijo el rector de la UAZ el Día del Maestro del año pasado?
“En nuestra historia, a pesar de todo, ha imperado la búsqueda, en ella se han producido encuentros y desencuentros, pero hemos aprendido a convivir y a respetarnos, a tolerarnos. Los desacuerdos nunca han significado la aniquilación de adversarios. Hemos aprendido a ser diferentes, manteniendo un clima de convivencia, de civilidad, de tolerancia”.
Desafortunadamente no he guardado la nota periodística con el discurso pronunciado por el rector este 15 de mayo, pero si no son idénticas sus palabras al menos son muy similares y hacen referencia a lo mismo. No obstante, de esto se deriva una reflexión: en ambientes laborales donde la tolerancia es cosa de todos los días, los discursos sobre el respeto al diferente son innecesarios. Es lo que en lingüística se denomina “pleonasmo”, es decir, cuando se añade información que no resulta pertinente por ser idéntica a la ya dada.
Caso contrario es cuando se piensa, erróneamente, que el discurso, a fuerza de ser reiterativo, puede convencer al oyente de que lo dicho constituye la realidad, aunque la realidad misma lo desdiga una y otra vez: grado supremo de la simulación.
En efecto, habría qué recordar lo que ha sucedido entre uno y otro pronunciamiento del rector en el lapso de un año. Por ejemplo, la partida de la UAZ de uno de los más importantes físicos del mundo, Dharam Vir Ahluwalia-Khalilova, quien generosamente puso el nombre en alto de nuestra institución y se vio obligado a renunciar por actitudes de intolerancia en su entorno laboral.
O bien, el documento enviado a la directora Isabel Terán Elizondo por Daniel Narváez Torregrosa, miembro del Sistema Nacional de Investigadores que renunció a la UAZ, quien le reclama que su libro “Los inicios del cine” hubiese sido estigmatizado por la funcionaria, a lo cual añade: “Mire usted, le falta clase, al menos Goebbels quemaba los libros prohibidos, si quiere hacer bien las cosas hágalas, pero ha estado [...] contándome el cuento de que ese libro esta retenido por causas legales de la universidad cuando es por puro sentimiento dictatorial que no se le ha antojado sacarlo a la luz, ni promocionarlo, ni presentarlo públicamente, toda vez que se puede adquirir en cualquier librería de la República, en el extranjero y en librerías online”.
Todo ello además de los despidos de profesores certificados, la actitud despótica de la administración, los golpes entre académicas universitarias y la simulación de programas “académicos” que se han convertido en fortines políticos. Vaya historia. Seguramente a Baudrillard esta relación simulación-hiperrealidad le hubiese fascinado.
*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
|