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Jueves 07 de Agosto de 2008

Decir verdad

Javier Calzada*

El pasado mes de junio, en el Congreso de la Unión aprobamos, entre otras reformas, una a los artículos 69 y 93 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Se trata de que los funcionarios públicos que comparezcan ante las Comisiones o ante el Pleno de alguna de las Cámaras, lo hagan bajo protesta de decir verdad.
A los parlamentarios de otros países les resulta increíble que en el nuestro, los funcionarios públicos le puedan mentir al Congreso y que eso no tenga consecuencias. Esa anormalidad impropia de cualquier democracia está por terminar.
Una vez que se publique -lo que ocurrirá en los próximos días-, cada mentira que los funcionarios digan al Congreso tendrá consecuencias legales. Falta, claro está, que se adecuen las leyes secundarias para precisar el alcance de las sanciones, pero lo cierto es que a partir de la publicación de la reforma constitucional existirá una obligación de no mentir al Congreso.
Esta reforma también termina el ritual del informe presidencial, muerto en los hechos desde el último año del retrógrada Fox, habilidoso en mentir.
Después del segundo informe de gobierno, el Congreso citará a comparecer a los funcionarios de la administración para debatir sobre el estado de los asuntos públicos. Con la diferencia de que ya no podrán mentir, con la impunidad de ahora.
En la reciente comparecencia del secretario de la Función Pública, Salvador Vega, le cuestioné sobre los incrementos desproporcionados en que había incurrido esa dependencia, que en términos nominales incrementó su presupuesto bruto en 30 por ciento con respecto al ejercicio anterior, y donde se incrementaron salarios hasta por un 18 por ciento, mientras que a los trabajadores de salario mínimo se les regateó un incremento menor a 2 pesos diarios. Le pedí: “No me responda a mí, explíqueselo a los trabajadores”. Sin inmutarse, negó los incrementos. Yo tenía los documentos en la mano, pero en el formato actual cada funcionario puede responder lo que quiera, o simplemente no responder.
Las naciones democráticas no toleran mentiras de sus gobernantes. Cuando a Richard Milhouse Nixon -siendo presidente de Estados Unidos de América- le comprobaron que mintió al pueblo norteamericano, no le quedó más camino que renunciar. Esta reforma es un paso importante para lograr el indispensable equilibrio de Poderes y una cultura de verdadera rendición de cuentas.

*Diputado federal
Vicecoordinador
parlamentario del PRD

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El indigno oficio de escribir (lo ajeno)

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