Gabriel Guerra Castellanos* México-EU: ¿una nueva oportunidad?
Es variada y compleja la larga lista de asuntos que esperan la llegada del futuro presidente, hecho que se intensifica por la urgencia que hay en EU y el resto del mundo porque llegue finalmente el relevo en la Casa Blanca, después de una de las más prolongadas estancias de un inquilino en esa morada
En medio de todas las expectativas que ha generado el triunfo de Barack Obama, la relación con sus dos vecinos no parecería ocupar un lugar destacado entre sus prioridades. México y Canadá prácticamente no fueron tema de campaña, salvo durante las primarias cuando denunciar el TLC era un deporte de moda y hablar de los migrantes era uno extremo.
Sin embargo, el próximo presidente de EU no puede darse el lujo de ignorar a su entorno inmediato, no importa cuan apremiantes sean cuestiones como la crisis económica, la cuestionada estrategia contra el terrorismo o la recomposición de muchas de las maltratadas alianzas estratégicas con amigos, aliados y rivales.
Es variada y compleja la larga lista de asuntos que esperan la llegada del futuro presidente, hecho que se intensifica por la urgencia que hay en EU y el resto del mundo porque llegue finalmente el relevo en la Casa Blanca, después de una de las más prolongadas estancias de un inquilino en esa morada.
Esos 8 años contribuyeron al surgimiento de un escenario internacional que es intrínsecamente hostil a los intereses estadounidenses, lo mismo en Medio Oriente que en Europa, en la media luna del mundo musulmán que en las fronteras de Rusia, en América Latina que en el norte de África, por no hablar de China, cuya competencia con EU ha pasado de lo meramente ideológico a lo económico y comercial.
No hay hoy un sólo lugar en el globo en el que las condiciones para avanzar la agenda estadounidense no se hayan deteriorado
significativamente.
No me ocuparé siquiera de los casos de Irak y Afganistán porque ya están muy trillados, pero miremos por un instante al que fuera fiel aliado de EU en los tiempos que siguieron a los ataques del 11 de septiembre del 2001: Pakistán.
El dictador Pervez Musharraf ha sido depuesto y hoy el poder lo tiene frágilmente el primer viudo de la nación, el marido de la asesinada Benazir Bhutto. Bajo su débil mando coexisten los retos del radicalismo religioso de la población, la infiltración de Al Qaeda en los servicios de inteligencia, el antiamericanismo de sus 160 millones de habitantes y la porosa frontera con Afganistán, que es punto de cruce y escondite de los enemigos jurados de EU.
Ahí está otro ejemplo, el de Rusia, que bajo el mando y control de Vladimir Putin busca reafirmarse como una gran potencia y que no duda en usar la fuerza o la amenaza para ejercer la influencia que cree le corresponde en su zona de influencia, como ya fue el caso en la vecina Georgia y antes, con rudeza menos obvia, en Ucrania o en las repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania.
China es simultáneamente competidor y complemento de la economía estadounidense, fabricante y exportador de sus artículos baratos de consumo, sede de plantas de muchas de sus grandes empresas y uno de los principales tenedores de bonos del Tesoro de EU.
Tras su experiencia olímpica, Beijing se siente con méritos y tamaños suficientes para ser protagonista en la escena mundial, pésele a quien le pese en
Washington.
Con la charola así de cargada, ¿qué tiempo o energía le puede quedar al nuevo presidente de EU para ocuparse de sus vecinos?
Esperemos que mucho, pues México ha desaparecido del radar en EU con una rapidez que espanta. Más allá de los motivos detrás de ésa dramática pérdida de influencia y peso específico, a los que ya me he referido con anterioridad, me parece que hoy estamos frente a una encrucijada en la que debemos optar entre seguir ausentes o jugar un papel más activo y visible en nuestro vecino país.
El presidente entrante tendrá muchas, muchas cosas que atender y en qué fijarse. Ojalá que México no llegue a su escritorio como una emergencia, sino como una prioridad de su política exterior. En nosotros está el lograrlo. (IMAGEN)
*Comentarista
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