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La sangre
de los Larios es famosa en México. Cuando cayó abatido por la metralla
Leobardo Larios Guzmán, el 10 de mayo de 1995, en la capital de
Jalisco, más de un diario de circulación nacional incluyó la noticia
en portada
No fue pieza
menor la que eliminaron un par de gatilleros, el domingo 6, hace
ocho días, en el sureño municipio de Trinidad García de la Cadena,
en los límites con Jalisco. De acuerdo a las primeras declaraciones
de Salvador Guzmán Luna, primo hermano de la víctima, quien fue
llevado mal herido a Guadalajara, donde rindió declaraciones ante
el Ministerio Público, ese noche él y Abelardo Larios Guzmán platicaban
afuera del expendio de vinos y licores El Guerrillero, propiedad
de Larios, cuando de pronto llegaron un par de desconocidos. Los
fuereños circulaban en una Ford Lobo, del año, color rojo. Pronunciaron
el "buenas nochis", característico de la zona; preguntaron por Abelardo,
a quien en vida sus conocidos apodaron El Jairo, y tras que éste
se identificara y preguntara, cortés, qué se les ofrecía, lo rociaron
con balas de alto calibre, lo mismo que a su acompañante. Los asesinos
huyeron rumbo a Jalisco. Al caer El Jairo comenzó de nueva cuenta
para los Larios el cruel desconcierto que provoca la violencia,
seguidas de las horas grises del luto, y quizá, del pertrecho para
afrontar lo que pudiera ser una encarnizada batalla por su sobrevivencia.
La sangre de los Larios es famosa en México. Cuando cayó abatido
por la metralla Leobardo Larios Guzmán, el 10 de mayo de 1995 -y
no el 19 de junio, como se publicó el martes en IMAGEN-, en la capital
de Jalisco, más de un diario de circulación nacional incluyó la
noticia en portada. Larios salía esa mañana de su casa, en el sector
Libertad, rumbo a la Facultad de Derecho de la Universidad de Guadalajara,
donde era catedrático. Luego viajaría a Trinidad García de la Cadena,
para festejar a su señora madre. Pero un comando armado lo ametralló.
Hace ocho meses, el 15 de diciembre de 1999, el Supremo Tribunal
Superior de Justicia de aquel estado confirmó la sentencia de 25
años de cárcel para José Luis Castro Ruiz, apodado El Burro, quien
participó en el escuadrón. Ese mismo personaje, que además fue obligado
al pago de 56 mil 317 pesos por concepto de reparación del daño,
dijo que "los autores materiales del crimen fueron Humberto Rodríguez
Bañuelos, La Rana; José Manuel Herrera Zarazúa, El Chino; y Saúl
Ignacio Ayala Beltrán, El Telúrico, así como otros sujetos más"
(El Informador. Diciembre 16. 1999). Ninguno de los mencionados
ha sido detenido. Hay coincidencia de que ese crimen fue ordenado
por el cártel de los Arellano Félix, a quienes Leobardo Larios supuestamente
rechazó un soborno durante su gestión como procurador general de
Justicia de Jalisco, cargo que dejó a finales de 1994, al tiempo
que un nuevo gobernador, el panista Alberto Cárdenas Jiménez, protestó
ante el Congreso local. Otra hipótesis es que Larios fue ultimado
por su conocimiento de primera mano de los pormenores que rodearon
el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Por cierto
que Abelardo se desempeñaba, ya en 1995, como guardaespaldas de
su propio hermano.
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