El Periódico de los Zacatecanos
Domingo 13 de Agosto de 2000

La sangre de los Larios es famosa en México. Cuando cayó abatido por la metralla Leobardo Larios Guzmán, el 10 de mayo de 1995, en la capital de Jalisco, más de un diario de circulación nacional incluyó la noticia en portada

No fue pieza menor la que eliminaron un par de gatilleros, el domingo 6, hace ocho días, en el sureño municipio de Trinidad García de la Cadena, en los límites con Jalisco. De acuerdo a las primeras declaraciones de Salvador Guzmán Luna, primo hermano de la víctima, quien fue llevado mal herido a Guadalajara, donde rindió declaraciones ante el Ministerio Público, ese noche él y Abelardo Larios Guzmán platicaban afuera del expendio de vinos y licores El Guerrillero, propiedad de Larios, cuando de pronto llegaron un par de desconocidos. Los fuereños circulaban en una Ford Lobo, del año, color rojo. Pronunciaron el "buenas nochis", característico de la zona; preguntaron por Abelardo, a quien en vida sus conocidos apodaron El Jairo, y tras que éste se identificara y preguntara, cortés, qué se les ofrecía, lo rociaron con balas de alto calibre, lo mismo que a su acompañante. Los asesinos huyeron rumbo a Jalisco. Al caer El Jairo comenzó de nueva cuenta para los Larios el cruel desconcierto que provoca la violencia, seguidas de las horas grises del luto, y quizá, del pertrecho para afrontar lo que pudiera ser una encarnizada batalla por su sobrevivencia. La sangre de los Larios es famosa en México. Cuando cayó abatido por la metralla Leobardo Larios Guzmán, el 10 de mayo de 1995 -y no el 19 de junio, como se publicó el martes en IMAGEN-, en la capital de Jalisco, más de un diario de circulación nacional incluyó la noticia en portada. Larios salía esa mañana de su casa, en el sector Libertad, rumbo a la Facultad de Derecho de la Universidad de Guadalajara, donde era catedrático. Luego viajaría a Trinidad García de la Cadena, para festejar a su señora madre. Pero un comando armado lo ametralló. Hace ocho meses, el 15 de diciembre de 1999, el Supremo Tribunal Superior de Justicia de aquel estado confirmó la sentencia de 25 años de cárcel para José Luis Castro Ruiz, apodado El Burro, quien participó en el escuadrón. Ese mismo personaje, que además fue obligado al pago de 56 mil 317 pesos por concepto de reparación del daño, dijo que "los autores materiales del crimen fueron Humberto Rodríguez Bañuelos, La Rana; José Manuel Herrera Zarazúa, El Chino; y Saúl Ignacio Ayala Beltrán, El Telúrico, así como otros sujetos más" (El Informador. Diciembre 16. 1999). Ninguno de los mencionados ha sido detenido. Hay coincidencia de que ese crimen fue ordenado por el cártel de los Arellano Félix, a quienes Leobardo Larios supuestamente rechazó un soborno durante su gestión como procurador general de Justicia de Jalisco, cargo que dejó a finales de 1994, al tiempo que un nuevo gobernador, el panista Alberto Cárdenas Jiménez, protestó ante el Congreso local. Otra hipótesis es que Larios fue ultimado por su conocimiento de primera mano de los pormenores que rodearon el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Por cierto que Abelardo se desempeñaba, ya en 1995, como guardaespaldas de su propio hermano.


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